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Trono de Santa María del Monte Calvario

Historia de la Hermandad del Monte Calvario

Ficha técnica

Diseño: Fernando Prini Betés (Málaga, 1993) en la orfebrería. Eloy Téllez Carrión (Málaga, 2010) en los bordados.
Orfebrería: Antonio Santos Campanario (Sevilla, 1994-1999), a excepción de los faroles, que los realiza Juan Borrero, de Orfebrería Triana (Sevilla, 2003).
Carpintería: Manuel Toledano Vega (1994)
Imaginería: Salvador González Beltrán (Málaga, 1995) cuatro mujeres bíblicas del frontal -de carácter provisional- y Manuel Carmona el resto (Sevilla, 2003), en madera estofada. Virgen de los Reyes de la Catedral de Málaga en plata y marfil, obra de Raúl Trillo, situada en el templete delantero (Málaga, 1999)
Palio: En proceso de ejecución. Taller de Bordados de Salvador Oliver Urdiales las bambalinas delantera y trasera (Málaga, 2011-2013). Jesús Arco López (Granada, 2013- ).

Año de su primera salida procesional:
1995
Año de finalización: aún en fase de ejecución

Diseño de la delantera del trono

Descripción de la obra

El trono de Santa María del Monte Calvario fue diseñado en 1993 por Fernando Prini Betés. De diseño ecléctico, conjuga el manierismo –movimiento desarrollado principalmente en la Italia del final del Renacimiento– con elementos decorativos propios del Plateresco, imperante en la España del siglo XVI y caracterizado por una gran riqueza decorativa y la inclusión de columnas abalaustradas y profusión extraordinaria del Grutesco –candelabros, subientes, festones y formas antropomórficas–.

Está realizado en plata de ley (cajillo, peana, templete delantero y faroles) y en alpaca (ánforas, candelería y barras de palio). El perímetro completo del paso está formado por capillas y paños con motivos ornamentales calados de diferentes diseños cada uno de ellos. Las capillas, inspiradas en la cruz procesional de la Catedral de Málaga, se presentan en dos tamaños.

En la capilla central del frontal se situará la Presentación del Niño Jesús en el Templo, aunque actualmente se coloca la imagen de la Virgen de Belén que presidía el frontal del antiguo trono del misterio, y que durante el año se venera en una urna de la Ermita del Monte Calvario. Esta Virgen de Belén está inspirada en la de Gómez de Hermosilla que se venera en la Basílica y Real Santuario de Santa María de la Victoria. En las capillas centrales de cada lateral se sitúan: el encuentro de María con Jesús en la calle de la Amargura (inspirada en una estación del Vía Crucis de la "Vía Dolorosa" de Jerusalén) y en otro las Bodas de Caná. Todas estas imágenes están realizadas por Manuel Carmona.

En las capillas pequeñas se ubican mujeres bíblicas que destacan por virtudes concretas y que anticipan a la Santísima Virgen, que reúne todas las virtudes. En ambos laterales están terminadas las dos capillas pequeñas que flanquean las centrales, y las componen la reina Ester, María hermana de Moisés, Jael y Débora la jueza. Todas ellas realizadas por Manuel Carmona. Las imágenes de mujeres bíblicas que figuran en la delantera fueron realizadas por Salvador González Beltrán, y son de carácter provisional. Aparece Judit con la cabeza de Holofernes, Santa Ana, Santa Isabel con San Juanito y Rut la espigadora.

El palio es diseño de Eloy Téllez Carrión, y aún se encuentra en fase de ejecución. Las bambalinas frontal (2012) y trasera (2013) son obra del taller del malagueño Salvador Oliver Urdiales, mientras que los laterales están siendo ejecutados por el granadino Jesús Arco López.

En el templete frontal (Santos Campanario, Sevilla, 1999) aparece la Virgen de los Reyes de la Catedral de Málaga, primera imagen de la Virgen que entró en la ciudad tras la Reconquista. Está realizada en plata de ley y marfil (Raúl Trillo, Málaga, 1999) y a sus pies tiene un relicario con una piedra de la casa de la Virgen de Nazaret.

Dos grandes faroles (Juan Borrero, de Orfebrería Triana, Sevilla, 2003) flanquean la imagen de la Santísima Virgen. Al igual que el cajillo, presentan un evidente diseño plateresco, destacando en sus esquinas la figura de Atlantes a modo de columna, propio de este estilo.

El programa iconográfico, por Francisco L. Jiménez Valverde (historiador del arte)

En un contexto sociológico donde los iconos suponen el acercamiento a determinadas formas y actitudes, las hermandades y cofradías andaluzas y en este caso malagueñas, recrean todo un corpus patrimonial que entronca directamente con la devoción popular y, a su vez, guarda una esencial dualidad: por un lado amparan la creación de un patrimonio cultural y devocional y en otro aspecto, reviven una serie de disciplinas artísticas que beben de centurias pasadas, manteniendo vivas un determinado número de artesanías que hubieran quedado relegadas a la historia pretérita.

Dentro de estas premisas, la Hermandad malacitana del Monte Calvario, que desde el siglo XVII va cimentando su historia, en su afán por proporcionar a la ciudad y a la propia corporación un patrimonio de indudable valor, toma una serie de proyectos como baluartes de ese especial ofrecimiento artístico al que hacemos referencia, y realiza una serie de estudios en el momento de incrementar ese acervo patrimonial.

Con ello, la sagrada imagen de Santa María del Monte Calvario actualmente es procesionada sobre trono de plata, tras los distintos proyectos e ideas que se fueron aportando. A la consecución definitiva de este conjunto habrán de unirse una serie de elementos que lo vayan completando con el tiempo, debido al alto coste que supone la realización de todos y cada uno de los mismos, al igual que el interés de la propia hermandad por la ejecución de tales componentes con la mayor de las maestrías y calidades posibles.

Esa indudable característica de esta entidad nazarena les lleva a recrear en el cajillo del trono -parte inferior del mismo- todo un mensaje iconográfico que resalte la figura de la Santísima Virgen con unos puntos fundamentales a tener en cuenta, como son los de Madre y Mujer. Así pues, se pretende tomar la figura de la propia María, y de una serie de mujeres que hayan supuesto o significado un punto de inflexión en nuestra historia pasada y, más concretamente, tomar a unas mujeres bíblicas como referente directo de valía, superación y entrega; unos valores que reflejan a su vez a la mujer actual.

Amparándonos pues en la Biblia -recordemos que se trata el libro más leído y meditado del mundo- como eje fundamental del programa iconográfico, esta nos lleva a introducirnos en esos valores que tan de actualidad están, pero con una especial sensibilidad hacia aquellos que no han quedado obsoletos por el devenir de los tiempos por ser más propios de una determinada época. Nos interesan las connotaciones humanas de este libro sagrado, de sus personajes, revestidos tanto de sus virtudes como de sus defectos.

En este marco esencial, la mujer es fundamental protagonista, tanto por su importancia como por su elevado número, destacándose así su participación en los hechos fundamentales que han ido jalonando la historia del cristianismo, teniendo como cenit la figura de la Virgen María.

Queda claro que ante la actual "liberación de la mujer", con sus valores y virtudes, su moralidad y sentimientos religiosos, y en una sociedad que busca la igualdad, el programa iconográfico que se plantea reivindica desde unos sagrados nombres de mujeres toda la presencia verdadera de éstas en el mundo de hoy.

En este marco de premisas, se pretende crear un espacio que sea todo un mensaje iconográfico, una lectura que, aunque llena de historias pasadas, completen el programa visual y sirvan de ejemplo a generaciones venideras.

Estructurándose el cajillo del trono en una serie de paneles decorativos, y alternándose estos con unas capillas salientes donde se incluirán todos esos aspectos iconográficos, nos encontramos con una disposición en la zona frontal -delantera- estructurada en base a una capilla central de mayores dimensiones, dos laterales a ésta, y otras dos conformando las esquinas de este área. Para la central mayor se ha dispuesto la ejecución de la Presentación de Jesús en el Templo, evidenciando a la Virgen como Madre e intercesora de Dios ante la humanidad. Ya contamos con un mensaje claro, se toma a María -Madre- que presenta la salvación del género humano destacándose su papel materno. Actualmente, y de manera provisional, este mensaje de maternidad está expresado con la inclusión de la imagen de la Virgen de Belén (Manuel Carmona, 1988) que años atrás figuraba en la delantera del antiguo trono del Misterio. Junto a este mensaje de maternidad se situarán otros dos, representados por las figuras de las dos primeras mujeres de este programa iconográfico, como son Santa Ana y Santa Isabel con San Juanito.

Santa Ana, madre de la Virgen -de nuevo la idea de la Madre- nos aparece como una mujer estéril a la que se le ilumina para concebir y educar a la Virgen. Podemos entroncarla con la relación de María y Jesús, por lo que encontramos que en dos personajes de estas singulares características, la mujer en su plano de madre supone el inicio de un papel fundamental en los futuros eventos que habrían de acaecer.

La figura de Santa Isabel nos vuelve a enlazar con esa mujer estéril de edad avanzada que concibe por obra y gracia del Señor a uno de los pilares y baluartes fundamentales en la historia del cristianismo, como es la figura de San Juan Bautista.

De este primer entronque iconográfico podemos dilucidar el aspecto maternal de las tres mujeres que se tratan, volviendo a incidir en la idea de la mujer como madre que lo es, por encima de todas las vicisitudes de la vida, lo que en nuestros días está tan permanente en nuestra sociedad, y aunque pueda resultar extraña la comparación, mediante este simple mensaje de imágenes se destaca el paralelismo con muchas mujeres de nuestro mundo actual.

Las esquinas del trono se completarán en este frente con las imágenes de Raquel y Ana -la madre de Samuel-, que vienen a ratificar esa idea de mujer como madre, hasta tal punto en los casos que nos encontramos, que ambas también estériles desearon y pidieron la intersección divina para concebir a sus hijos. En el caso de Raquel, la idea de maternidad se enfatiza aún más, al morir esta en el parto de su segundo hijo Benjamín. Este ciclo de cuatro mujeres se nos identifican pues como madres, mujeres que lucharon por alcanzar su deseo de maternidad.

Continuando con el lateral izquierdo, este nos aparece con la alternancia de paneles decorativos y capillas. De esta forma, la escena central de este lateral viene representada por la Boda de Caná que nos muestra un claro mensaje iconográfico como es la intersección de la Virgen, en este caso para ofrecer la ayuda de Jesús. Es uno de los pasajes más destacados a este respecto, María como mediadora ante Jesús, pues aquí y tras la conversación de María con su Hijo, éste reafirma su condición.

Flanqueando esta cartela se situarán las imagenes de Rut y Noemí, nuera y suegra respectivamente. En este caso se destacará la especial vinculación de estos personajes al ejemplarizarse el amor que Rut le profesaba a su suegra Noemí, pues al quedar la primera viuda, se ofreció para permanecer de por vida con la segunda. "Donde tú vayas iré yo... tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios" (Rut 1:16). La lectura puede enfatizar perfectamente la ayuda, el cariño y los lazos de unión entre mujeres.

Continuando con la sucesión de imágenes en las esquinas de este lateral se colocarán las figuras de Sara y Abigaíl. Sara representa la nueva alianza de libertad de los cristianos, y puede simbolizarnos unos valores de firmeza y amor hacia su marido, así como su agudeza y perspicacia para salir de difíciles situaciones familiares, por lo que se nos muestra como una luchadora por la unión de la familia y su entorno. Abigaíl del mismo modo aparece como defensora del ámbito familiar.

Para el lateral derecho se ha dispuesto en la cartela central la escena del encuentro de María con Jesús en la calle de la Amargura, que nos lleva a la reflexión sobre el inmenso dolor de María la Virgen y a la vez su fortaleza. Encontramos esa doble lectura por la que María, en el encuentro con su Hijo, es Madre en el sufrimiento y Mujer ante las adversidades.

Las cuatro imágenes de mujeres que acompañan a esta escena central vienen a ratificar la idea de la mujer como heroína y emprendedora de hazañas inigualables. De esta manera, a los lados de la escena principal nos encontraremos con las efigies de Débora y Jael, que pasarán a la historia judía como dos grandes heroínas al iniciar la campaña contra los cananeos -en el caso de Débora- y concluirla -en el caso de Jael-. La primera mantendrá en paz a los suyos y los gobernará administrándoles justicia. El caso de Jael es conocido, sobre todo, por haber eliminado a un enemigo de Israel de forma brutal -insertó un clavo en su cabeza- siendo aclamada como heroína y llamada bendita entre los nómadas (Jue 5, 24).

Las siguientes mujeres que aparecerán en las capillas de las esquinas son Rebeca y María -hermana de Moisés-. Rebeca, casada con Isaac, también es otra de las mujeres de la Biblia estériles, concibiendo mellizos por las plegarias a Yahvé de su marido.

Finalmente completarán en la parte trasera del cajillo este programa iconográfico las tallas de Ester y Judit. En la primera, resalta su categoría de reina y de heroína, una reina que sin tener un alto linaje fue escogida entre las doncellas para compartir el trono con el rey persa Asuero, una heroína que salvó a los judíos del reino, pues señalando su condición de judía les dio la libertad permitiendo el rey que estos se defendieran.

El caso de Judit es más conocido por la sociedad, al ser la persona que seccionó la cabeza a Holofernes, quedando como la heroína de un relato excepcional, dando ejemplo a generaciones futuras. Judit, viuda de Manesés, heredó todos los bienes de su marido conformándose como una mujer administradora, de carácter y fortaleza, a la vez que adornaba su belleza todas esas cualidades. Judit, por su heroicidad, fue aclamada por todas las mujeres israelitas.

Como hemos podido comprobar, la historia de estas mujeres es también la historia de nuestra sociedad actual cuando hablamos de la figura de la mujer.

Este programa iconográfico es de singulares características, como hemos podido ver, pero a las emanadas de la historia de sus representaciones habrá que añadir las propias de la talla en madera, pues la policromía y los estofados, a la vez que la maestría en el manejo de las gubias, dotarán al trono de una singular belleza plástica y añadirán al mensaje iconográfico un aspecto artístico de indudable valía, ya no sólo para la propia cofradía, sino también para la sociedad en general.

La persona encargada de la realización de estas imágenes es el extremeño Manuel Carmona Martínez, que nació en la localidad de Frenegal de la Sierra en 1938, trasladándose a Sevilla en el año 1953. La actividad escultórica de este imaginero entronca en unos postulados renacentistas y barrocos, a la vez que podemos observar en determinadas obras esa transición manierista entre estas dos épocas artísticas.

Destacado imaginero de tallas de pequeño tamaño, ha realizado también encargos a tamaño natural para toda la geografía andaluza, pero si tuvéramos que destacar alguno sobre los demás, este sería sin duda el encargo que en 1983 recibió de la Hermandad Matriz del Rocío de Almonte, donde se le responsabilizó de las tallas del retablo de la ermita de esta popular imagen mariana.

Con todas las premisas dadas, los valores artísticos, culturales y sociológicos quedan claramente marcados en este proyecto, un proyecto donde resalta con especial brillo la figura de la mujer.

Galería fotográfica

Trono de Santa María del Monte Calvario Trasera del trono de Santa María del Monte Calvario Detalle de la delantera del tronoFarol

Templete de la Virgen de los Reyes Ánforas Detalle de la peana Capilla del lateral. Encuentro en la calle de la Amargura

Capillas del lateral. Bodas de Caná y mujeres bíblicas Paño lateral del cajillo Detalle de la delantera Detalle del lateral

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