El Misterio de la Sagrada Mortaja
El Misterio de la Sagrada Mortaja es representado en el primer paso que procesiona la hermandad el Viernes Santo. Lo forman el Santísimo Cristo Yacente de la Paz y la Unidad y Nuestra Señora de Fe y Consuelo, además de los Santos Varones y las Tres Marías.
Santísimo Cristo Yacente de la Paz y la Unidad en el Misterio de su Sagrada Mortaja
Es una talla obra de Antonio Eslava Rubio del año 1971. Tras el incendio de la ermita el 26 de Febrero de 2006, la imagen quedó casi destruida aunque se reconocían las formas y volúmenes. El Cabildo de Hermanos aprobó el proyecto de restauración de Juan Manuel Miñarro. Tras consolidar el soporte con resinas exposis, restablecer las partes desaparecidas y aplicar los aparejos, se policromó de nuevo tomando como referencia los restos de policromía que quedaban en los pies y tobillos y los reportajes fotográficos. La imagen tiene una policromía más cercana a la original de los años 70 que se había ido oscureciendo.
Análisis artístico, por Eduardo Nieto Cruz (historiador del arte)
Eslava Rubio ejecutó una talla de proporciones algo más reducidas que el natural -mide casi dos varas castellanas: 1,58 metros- debido al espacio destinado al culto: la primitiva urna que perteneció al desaparecido titular, obra dieciochesca salida de un taller local, que presentaba una configuración compositiva y anatómica sumaria. Es pues, un trasunto teológico en el que la imagen se convierte en tabernáculo de la sangre y del cuerpo de Cristo, expuesto a los pies de su Madre en el altar principal, foco mayor hacia donde se dirigen los fieles durante la liturgia.
Trabajado en madera de pino de Flandes policromada, sigue muy de cerca el lenguaje de la escultura barroca andaluza de los siglos XVII y XVIII. Participa de ese revival de formas neobarrocas que tienen plena vigencia; es el desarrollo de un mensaje eterno inmanente en la escultura devocional, perfilado como arquetipo durante el seiscientos y que ha llegado a nuestros días de un modo inalterable. En este sentido, Eslava ha traducido los estilemas de Montañés, Cano, Gregorio Fernández o Mesa (sobre todo) para mostrarnos un juego de valores expresivos, semejantes en su sintaxis plástica a los ya enunciados.
Cristo se nos muestra en actitud de auténtico 'rigor mortis' en el propio momento del óbito; de decúbito supino sobre un lecho anexo a la labor imaginera. El autor dispuso la talla a la manera de figura exenta, incidiendo en una serie de elementos tanatológicos que acreditan el estudio del natural pero sin perder la mesura, el equilibrio que confiere a la imagen sacra, pese al dramatismo.
Si desarrollamos un discurso visual pormenorizado, nos daremos cuenta de la idea arriba expuesta. Así, las piernas se angulan como resultado de la posición ortostática en relación con el 'stipes'; las llagas de los pies tienen en el plano dorsal forma lanceolada propias del desgarro de tejidos; las contusiones con hematomas provocadas por los flagelos se hacen notorias en las piernas, tórax y abdomen así como zonas cianóticas en pies y rodillas. Las extremidades superiores son réplica traumatológica de lo ya descrito, si bien lo que llama poderosamente la atención en cuanto al plano composicional es la postura de la mano izquierda la cual está colocada sobre el pecho y corazón, en claro ademán de relajación y abandono total de la vida.
La zona púbica se resuelve a través de un anguloso perizoma, recogido con nudo y cuerda en las caderas dejando entrever el modelado anatómico. El tórax está henchido mientras el abdomen se contrae tal y como corresponde a la sintomatología propia del momento. El costado derecho presenta herida incisa de trayectoria elíptica; de esta hendidura brota abundante reguero de sangre que sigue la vertical del tronco hasta perderse en el paño.
El hombro derecho es reflejo de los momentos previos a la crucifixión. Así es palpable la escoriación provocada por el roce del madero o 'patibulum' a la hora de transportarlo, ocasionando una amplia herida de la que brotan numerosos surcos de sangre.
Toda la cabeza está tratada con gran virtuosismo. Finos hilos carminosos brotan desde las sienes para continuar su curso descendente hasta la regió supraclavicular; son testigos de las heridas provocadas por las púas de la corona. Una contusión en el malar derecho completa ese "mapa" traumatológico de esta parte, verdadero eje vectorial de nuestras miradas. Sus ojos entreabiertos y rehundidos están perdidos en la más completa oscuridad, la boca se entreabre para dar el último suspiro, la afilada nariz se recorta sobre la oquedad del féretro,... todo está consumado.
Eslava se ha erigido en el imaginero del dolor callado, íntimo, tan sólo roto por el canto elegíaco del Miserere que Ocón compusiera, sinfonía cada noche de Viernes Santo. Ahora todo es quietud porque el firmamento ha dejado de estremecerse... mañana la luz tiniebla de los cirios se tornará en letanías triunfantes al Resucitar de entre los muertos el Verbo que habitó entre nosotros.
Nuestra Señora de Fe y Consuelo
Obra en terracota policromada. Atribuida por el Profesor J.A. Sánchez López al escultor Antonio Asensio de la Cerda y realizada en 1770-1771. Esta imagen fue donada a la cofradía y hasta 1993 formaba parte del Misterio como María Salomé. El cabildo de hermanos aprobó su advocación y desde 1995 sale en procesión con el Misterio de la Sagrada Mortaja. Mide 1,21 m. y tiene dos juegos de manos, las originales cruzadas y otras abiertas realizadas por Juan Manuel Miñarro.
El incendio antes citado destruyó las capas de policromía de la imagen dejando al descubierto el modelado original del s. XVIII, más fino y delicado (sobre todo en cejas, boca, barbilla y cuello) que el que presentaba tras 3 intervenciones, la última de la primera mitad del s. XX. El Cabildo de Hermanos aprobó el proyecto de restauración presentado por Juan Manuel Miñarro.
La imagen se ha policromado tomando como referencia la policromía de las manos antiguas que están cruzadas y las técnicas de la época. Los ojos (realizados con bombillas a mediados del s. XX) se han sustituido por unos del mismo tamaño y color originales de mitad del s. XX. La policromía se ha dado sin aparejos, directamente sobre el modelado para ocultarlo lo menos posible. La devanadera y los soportes para la corona son ahora más sólidos. En definitiva, la imagen ha vuelto al origen de su hechura, presentando una estética muy en la línea de las dolorosas del S. XVIII.
Ambas imágenes han sido restauradas a expensas de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y fueron puestas al culto el pasado 16 de febrero de 2007.
El Santísimo Cristo Yacente de la Paz y la Unidad y Ntra. Sra. de Fe y Consuelo durante el Quinario de 2007. Al fondo, una imagen de San Francisco de Paula, fundador de la Orden Mínima y titular de nuestra hermandad. La instantánea está tomada en la Basílica y Real Santuario de Santa María de la Victoria.
Las Tres Marías
María Salomé
Juan Manuel García Palomo (Málaga, 1993).
Se encuentra recogiendo el sudario.
María Magdalena
Anónimo (S. XIX) restaurada por Luis Álvarez Duarte, que le talló el pelo.
María de Cleofás
Juan Ventura (Sevilla, 1980)
Porta un cáliz con una mezcla de mirra y aloe, para embalsamar el cuerpo de Jesús según la tradición hebrea.
Los Santos Varones
José de Arimatea
Juan Manuel García Palomo (Málaga, 1995)
Según la tradición, era el dueño del sepulcro donde se enterró Jesús. Porta en su mano el permiso de Pilato para el enterramiento.
Nicodemo
Juan Manuel García Palomo (Málaga, 1995)
Porta los clavos del Señor y lleva un 'talid' o manto judío.
Fotografía del Misterio de la Sagrada Mortaja en su capilla, que sirvió para ilustrar el cartel 'Juventud del Calvario' del año 2010

